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Bart va a Heppenheim a encontrarse con la familia Ebenhard y a presentar Casa do Caminho en una exposición para los patrocinadores más fieles de Casa do Caminho
Hace ya 12 años que Heppenheim ofrece su apoyo a Casa do Caminho
| | | Fue maravilloso tener el honor de representar a Casa do Caminho en Heppenheim. Es realmente impresionante apreciar lo que pasa al otro lado del planeta. Siempre creí que era sólo Hans el que recolectaba fondos para Casa do Caminho, pero esta vez descubrí que toda la familia al completo trabaja duro para conseguir todos y cada uno de los euros. Es la segunda vez que visito a la familia Heppenheim y en esta ocasión me quedé a dormir. Cuando llegué Hans me estaba esperando. Estaba ilusionado y nervioso, puesto que debía estar en un mercado de navidad y al mismo tiempo teníamos que hacer la presentación ante los fieles patrocinadores. De manera que la mitad de la familia se queda en el mercado de Navidad para vender productos para Casa do Caminho. Hans y Doris (su hija) me esperan en un pequeño edificio comunitario donde 50 patrocinadores se reúnen para asistir a la presentación de Casa do Caminho. Hacer una presentación en Alemania es diferente que en Brasil. La gente escucha atentamente, pero no muestra sus emociones y hace críticas. No lo supe hasta después de exhibir dos videos de Casa do Caminho, cuando la gente se puso a hacer infinidad de preguntas. Todo el mundo quería saber qué pasa con los niños, cómo se les cuida, si aún vemos a los que ya no viven con nosotros, etc. Al final de la presentación parecía que todo el mundo estaba muy contento con los resultados y además compraron tarjetas de Navidad, calendarios o le dieron a Hans algunos euros. Estaba claro que estas personas no eran millonarios, sino ciudadanos alemanes normales que llevan 12 años apoyando a Casa do Caminho. En estos años su ayuda ha sido la principal fuente de ingresos de Casa do Caminho.
 Después de la presentación fuimos al mercado de Navidad, que está puesto toda la semana. La familia al completo se turna en el puesto y Hans utiliza su hurdy-gurdy (zanfona). Hans pasó por una importante operación. Su columna vertebral está ahora rígida. No se puede inclinar. Bueno, pues es impresionante ver cómo este hombre de casi 80 años se pasa expuesto al frío desde la mañana a la noche con una enorme sonrisa en cada evento para recaudar unos cuantos euros. Me dice: "Para mí, todos los que trabajan en Casa do Caminho son ángeles". Yo creo que lo que él hace se merece más respeto que el trabajo que se nos permite hacer a nosotros en Casa do Caminho. Podemos jugar con los niños, verles crecer, verles marcharse y establecer una relación con ellos. La familia Ebenhard dedica mucho de su tiempo a recaudar fondos y confía en que nosotros, el personal de Casa do Caminho, lo hacemos lo mejor que podemos. A esta familia no siempre se la aprecia y algunas personas ignoran a Hans para evitar gastarse un euro. Pero a la familia eso ya no le importa. Están acostumbrados.  A la mañana siguiente todo el mundo se levanta temprano porque hay otro mercado de Navidad. Hablamos de los detalles administrativos y yo les cuento que esperamos que la familia vuelva a Brasil a pasar al menos 1 día en Casa do Caminho. Hans me enseña con orgullo todos los artículos de los periódicos locales y me los llevo a Brasil para enseñárselos a todos. Fui una vez más al mercado, donde Hans me enseña la posición que tendrá las próximas 10 horas y toca unas cuantas canciones. Lo grabo todo para enseñárselo a los niños y al personal de Casa do Caminho y asegurarme de que hacemos todo lo posible por gastar bien cada uno de los euros en Brasil, ¡la familia se lo merece! Cuando me voy Hans vuelve a su elemento, tocando el hurdy-gurdy motivado por las buenas noticias que le traje de Brasil. ¡En nombre de Casa do Caminho, de los niños, de los adolescentes, del personal y de los voluntarios, queremos agradecerles tanto a la familia Ebenhard como a la gente de Heppenheim todo este largo tiempo brindándonos su generosidad y dedicación! Bart
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